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Entramos en el coche, arrancamos y comenzamos el viaje hacia nuestro trabajo. Igual que cada mañana. Vemos que estamos en reserva pero no nos importa, solo son 40 km. Mientras vamos conduciendo a lo lejos hay alguien que se salta un ceda en un cruce y otro coche le enviste por un lateral a toda velocidad. No hay heridos, pero la carretera queda bloqueada por el accidente mientras decenas de coches esperan para seguir su camino. La espera se hace interminable, no vamos bien de tiempo y esto no ayuda a mejorar la situación. Para colmo el coche de delante tiene en la parte de detrás un niño que no para de enseñarnos el dedo... nuestra frustración aumenta por momentos mientras el tiempo pasa. Finalmente llega la policía y comienza a poner orden en el tráfico, dejan pasar coches con cuentagotas y finalmente cuando nos aproximamos al cruce, se nos pincha una rueda por los cristales del accidente. Vamos al arcén y salimos del coche, y desde fuera vemos a lo lejos al niño del coche de delante que nos despide dedicándonos un cruce de brazos. Los nervios de punta. Al final nos llama el jefe para preguntarnos el motivo de nuestro retraso. Le decimos que ya casi hemos llegado… Y le colgamos. Y nos cagamos en el coche, en el niño y en la madre que lo pario. Pero en el futuro ¿cómo nos moveremos por la ciudad? ¿Cómo serán las comunicaciones? En este capítulo relataremos lo que podría ser un viaje cotidiano hacia el trabajo en el siglo XXI.

Prototipo de Audi
Parece que vamos un poco justos de tiempo, pero no importa. Nos dirigimos hacia el compartimento de coches de nuestro edificio y nos situamos justo delante del lector biométrico. Inmediatamente aparece un vehículo a nuestra disposición, y tras entrar en su interior informamos a su inteligencia artificial sobre nuestro rumbo. El vehículo planifica la ruta más óptima en función del flujo actual de vehículos en cada vía, y ajusta la potencia en los electroimanes para fijar la velocidad adecuada. 210 km/h. Desde las ventanas a penas se pueden apreciar los demás vehículos ya que pasan a tal velocidad que parece un enjambre de abejas perfectamente sincronizadas. Estas vías se extienden a lo largo de miles de kilómetros uniendo unas metrópolis con otras, en las zonas de ciudad cada pocos metros existen salidas hacia el exterior que muchas veces comunican directamente con compartimentos de vehículos de otros edificios. En la superficie, justo encima de estas vías existen paneles solares que dibujan todo el recorrido de las vías soterradas. Estas proporcionan toda la energía necesaria para los elementos electrónicos y mecánicos de las vías, así como la propia energía empleada por los coches. Son células solares que aprovechan el 100% de la energía solar que reciben y que cuentan con depósitos de baterías para abastecer las vías en los días poco soleados y que se recargan en pocos minutos con la energía que no es consumida.

En el futuro todos los vehículos circularán por vías soterradas
De camino al trabajo, la IA del vehículo nos informa de que quedan cinco minutos para llegar a nuestro destino, tiempo suficiente para realizar una llamada mediante nuestros ojos de ángel. Este dispositivo ha suplantado todos los gadgets que aparecieron a lo largo siglo XXI, centralizando todas las funcionalidades ofrecidas en el mercado en dos simples lentillas electrónicas que emulan una interfaz tridimensional delante nuestro. Para activar este dispositivo y navegar a través de sus opciones es suficiente con nuestro pensamiento, el dispositivo detecta la actividad neuronal específica y realiza la función deseada, una llamada telefónica, escuchar música, conectarnos con la macronet, sacar una foto con perfecta definición, compartir datos… Estas lentillas electrónicas envían la información del sonido a reproducir a unos minúsculos receptores situados en los tragos de las orejas a modo de pendientes y emplean el calor de nuestro cuerpo como fuente de energía. Además, estos receptores cumplen la función de aceptar -oreja derecha- y cancelar -oreja izquierda-, para confirmar las órdenes lanzadas con nuestros pensamientos. Para realizar la llamada decimos en nuestra cabeza “activar interfaz de teléfono”, “llamar al jefe” al mismo tiempo que tocamos el receptor de nuestra oreja derecha para confirmar cada orden. Hablamos con nuestro jefe y le informamos de que llegaremos a la hora prevista para comenzar la reunión, a juzgar por la expresión de su cara –que vemos proyectada delante nuestro, mientras la imagen de nuestro rostro es captada y enviada igualmente mediante un escáner facial avanzado de las lentillas- parece alegrarse de la noticia y solamente asiente con la cabeza. Para finalizar la llamada tocamos el receptor de nuestra oreja izquierda.

Ojos de ángel, el gadget definitivo
Ya hemos llegado al edificio de oficinas O6 del sector S-214. Salimos de nuestro vehículo y detrás de nosotros se cierra la puerta del compartimento de coches, nuestro vehículo se almacena y queda listo para el siguiente usuario. Y nosotros, nos preparamos para una nueva jornada laboral.
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