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De madrugada, el embriagado anfitrión llegó a su piso acompañado de unos amigos. Orgulloso, comenzó a enseñarles el piso. Cuando llegaron al salón, vieron un inmenso gong de bronce en un rincón.
-¿Y eso? -preguntó uno de los invitados-. -Es un reloj parlante -contestó el dueño del piso-. -¿Reloj parlante? Pero si no se le ven números, ni agujas ni nada. ¿Cómo funciona? -¿Queréis saber la hora? Observad cómo se hace.
El hombre agarró el mazo y le dio un golpe tremendo al gong, que emitió un sonido ensordecedor. Al cabo de unos instantes, desde la pared de detrás una voz gritó a todo pulmón:
-¡Hijo de puta! ¿Ya empezamos? ¡Que son las dos y media de la mañana!
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